Por Alejandro Duchini
Para LA GACETA - TUCUMÁN
Tucumán tuvo una importante incidencia en la trayectoria del boxeador Jorge ¨Locomotora¨ Castro. El 12 de agosto de 1994 ganó el título mundial mediano AMB tras 12 rounds ante el estadounidense Reggie Johnson en el estadio del Club Defensores de Villa Luján.
Tucumán, de alguna manera, fue el punto de partida para una carrera de primer nivel que lo ubicó entre los grandes de nuestra historia del boxeo y del deporte argentino en general. Cuatro meses más tarde, el 10 de diciembre, ganó la más emblemática de sus peleas: en Monterrey, México, noqueó en el noveno asalto al estadounidense John David Jackson. Su zurdazo, directo, profundo, impactó y dejó fuera de combate a su rival, que hasta ese momento llevaba las de ganar. Si pueden, vean las imágenes.
El mejor perfil sobre Jorge “Locomotora” Castro lo leí en el invierno del 2005 y lleva la firma del periodista Pablo Llonto, quien lo conoció en sus tiempos de adolescente, cuando se instaló en Buenos Aires, y desde entonces lo acompañó a lo largo de su carrera. Publicado en la revista Un caño con el título ¨Golpe por golpe¨, el relato comienza así:
-Mamá, mamá, vení a verlo. Jorgito se hizo mierda. El grito de Manuel Castro era tan desgarrador como el de su hermanito menor. La señora, hermosa morocha catamarqueña de 24 años que trabajaba de portera en una escuela, pensó lo peor. En tres segundos recobró la respiración. Miró a los chicos, que habían llegado caminando hasta el colegio, y descubrió que a Jorgito le había pasado algo serio pero estaba vivo.
Aunque lloraba como si le hubiesen pegado, escondía atrás de su espalda las manos ensangrentadas.
-A ver, mostrame, ¿qué te pasó?
-Fuimos hasta la calesita abandonada y quiso hacerla funcionar toqueteando el motor. De repente la máquina arrancó y él tenía las manos adentro- intervino el hermano.
-Te podías haber matado.
Llonto cuenta a “Locomotora” mientras charla con su madre, Mirtha, en una sala del Hospital Argerich, donde él estuvo internado tras un accidente automovilístico en ese mismo 2005. Exceso de velocidad, alcohol. Los medios de comunicación se hacían un festín. Combo explosivo que sacudió la madrugada del exclusivo Puerto Madero. Los médicos informaban “pronóstico reservado”. “Esas dos palabras -escribe Llonto- equivalen a decir que hay que prepararse”. Tiene fracturas, golpes, heridas cortantes y problemas para respirar. Unos días después su salud empeoraría y lo salvarían de urgencia. Luego despertaría y pediría volver a su casa como si nada hubiese pasado.
Llonto irá contando otros sucesos similares. “No hay boxeador cuya infancia no haya sido la peor de todas”, escribe y da cuenta de las changas que hacía la madre para darle de comer al batallón de hermanitos Castro, abandonados por el padre a la buena de dios en Caleta Olivia.
“Caleta Olivia -anota Llonto- parecía una tierra de esperanzas petroleras y pesqueras en los 60. Hacia allá habían viajado centenares de santiagueños, catamarqueños y tucumanos bajo el hechizo de una Patagonia que prometía buenos sueldos, puestos en YPF estatal y tal vez una novia que mitigara tanto frío y tanto viento”.
El perfil es impecable. Nos habla de un Castro “fortachón” y futbolero al que además define como “un adolescente bravo. No con la pelota sino con los puños”. Peleador en la calle, le anticipaban un apodo: el “Buscarroña”; luego sería “Roña”, a secas. Y, más tarde, “Locomotora”, porque un promotor le había sugerido que los primeros significaban “trampa”.
Si el boxeo es por antonomasia el mejor escenario para contar historias, Pablo Llonto aprovecha a Castro para dar una clase de lo que es un perfil periodístico. “No es una vida ejemplar la que ha tenido ‘Locomotora’ ”, resume Llonto.
Fueron siete sus mujeres legales, 15 los hijos y 14 los nietos. La vida de Castro se terminó de manera abrupta al descompensarse el 14 de octubre pasado, mientras estaba en el bingo de Morón, en la provincia de Buenos Aires. Tenía 59 años. Desde que se publicó el perfil de Pablo Llonto pasaron más de 20 años y ni los escándalos ni su vida mediática cesaron. Pero con ese perfil basta para saber quién fue este tipo que hizo de la solidaridad y del humor una bandera que levantó en merenderos comunitarios y disfrutó sobre el ring.
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Alejandro Duchini - Periodista. Trabajó en “El Gráfico” y colabora en “Página/12”, “Perfil”, “Clarín” e “Infobae”, donde fue jefe de Deportes.